Mientras que el erotismo pone en escena el misterio del sujeto y de la sexualidad, la pornografía adula el voyeurismo y entrega a la mirada un cuerpo fragmentado, carente de rostro. Al confinar al espectador en el registro de la sensación y del consumo, borra el propio deseo.Conduce al sometimiento y la desaparición de la humanidad del Hombre.Lejos de ser un llamado al orden, el libro de Mlchela Marzano permite distinguir los desafíos éticos que subyacen en las representaciones del cuerpo humano y ofrece un alegato en favor de la libertad y la responsabilidad, para que el otro siga siendo aquel cuyo encuentro nos conduzca a lo mejor de nosotros mismos, y más allá.